¡Cayó el águila, y cayó antes, tantas veces sobre esa lona azul manchada con sudor y sangre, que ni se dio cuenta de que esa vez se le iba la cadera sobre el asfalto. De los pocos huesos que le quedaban intactos desde que había dejado la lucha libre, ese lo dejaba inmovilizado.
Cayó el águila como piedra en el medio del charco de sus 74 años. Cayó hondamente, contra el rudo suelo de la soledad de un cuarto de hospital. Murió el águila y quedó el hombre, sin siquiera el recuerdo de lo que había sido su vida para los demás.
Félix Burgoa Plata, alias el águila, había sido de los más grandes, antes, en los años 60’. El año 2005 le había finalmente pasado la factura.
Me siento, observo cómo más allá en el corredor, las auxiliares, desdibujadas en sombras chinas por la violenta luz de la ventana del fondo, afeitan al luchador.
-tiene que estar churo Don Félix, tiene visita, le dice una.
Don Félix no para de pedir de que lo muevan de costado, grita que le duele y que sólo quiere de que le den la vueltita nomás.
En el cuarto de al lado una anciana se rehúsa en comer.
Don Félix sigue llamando a la doctora mientras tanto yo explico a la auxiliar quién soy, simplemente amigo de un amigo. Ella me sonríe, dice que no importa, que cualquier visita le hace bien....(sigue) |
|
 |