
...Llega la muerte con su eterna sonrisa y el paco de servicio ni siquiera se percató.
Agitando en vano sus brazos en el aire la chiquilla siente el sudor congelarse sobre su piel, sus venas se contraen, baja su presión arterial. Le queda solamente esperar el encuentro con el final de su historia, sin penas ni remordimientos, sin tiempo para ellos.
La changa voladora sonríe.
Para evitar el choque del impacto, su corazón deja de latir a medio camino. Abajo pasa un minibús con quienes van a recibir la frustrada paloma encima.
Se escurren dos, tres, cuatro segundos, el Ícaro suicida llega sobre el techo metálico verde oscuro y hace volar en pedazos el panelito de plexiglás “Obrajes-Av. del poeta-S. Francisco”. No quiero irme antes de ver la pequeña sonrisa de quienes saldrán indemnes del accidente. La Avenida del Poeta debajo del Puente de las Américas es un lugar tan romántico para morir cayendo a 5 metros por segundo. 120 minutos más tarde un zapato blanco de charol pisa la entrada del puente entre mixturas y serpentinas: llega la primera novia del día...
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Galerías / Desde el puente de las américas.