MATRIKIS

 

 

Desde el puente de las américas.

...Llega la muerte con su eterna sonrisa y el paco de servicio ni siquiera se percató. El jóven saltó la barranda y se agarró de ella mientras su madre le grita desesperado de no hacerlo. Tratan de agarrarlo, se balancea una, dos veces y se suelta.
Agitando en vano sus brazos en el aire el adolecente siente el sudor congelarse sobre su piel, sus venas se contraen, baja su presión arterial. Le queda solamente esperar el encuentro con el final de su historia, quizás sin penas ni remordimientos, pero seguramente sin tiempo para ellos.
Arriba, sus familiares siguen gritando del espanto.
Para evitar el choque del impacto, su corazón deja de latir a medio camino.
Se escurren uno, dos largos segundos, el Ícaro suicida llega al suelo. Esa vida llena de rizas y llantos se resuma finalmente a un ruido seco y los llantos desconsolados de sus padres quedados detrás de la barranda, arriba. Tantos esfuerzos y esperanzas para llegar a eso...

Desde la construcción del puente de las Américas, la Avenida del Poeta debajo del mismo se convirtió es un lugar común para morir cayendo a 5 metros por segundo. Al día siguiente un zapato blanco de charol pisa la entrada del puente entre mixturas y serpentinas: llega la primera novia del día...

 

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