
En unos cuantos segundos el cielo se tiñó de negro y las nubes se tragaron al sol sin que nadie se diera cuenta.
Las primeras gotas de lluvia se estrellan ahora sobre el techo de calamina de la cancha de futsal.Adentro los jugadores se ponen más nerviosos, algunos chocan entre sí. Finalmente todos quedan inmóviles mientras el cascabel atado a la pelota se queda callado cerca del arco.Cada gota resuena sobre el techo como tantos tambores de guerra.
Con ese ruido infernal el partido tuvo que parar.
Algunas manos se crispan mientras otras rozan suavemente las telas de las poleras deportivas numeradas.
La mayoría de los jugadores dejan una ligera sonrisa y aire de desconcierto apoderarse de sus rostros.
Nadie mueve y siguen pasando los minutos.
Finalmente cesa la lluvia, el árbitro agarra la pelota, verifica su estado y lleva su silbato a la boca.
Los jugadores recuperan sus posiciones en la cancha y después de la señal se lanzan detrás del ruido del cascabel...