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EL INCA

Ese Inca que dicen loco

07.15 de la mañana, el yatiri , brujo andino que espero, no aparece.

Habituado a entregarme a coberturas fotográficas de primeros planos de humanos maltratados por tragedias o coyunturas políticas, marchas, protestas y represiones, me siento algo incómodo, sentado aquí frente a la urbe que despierta de a poco.


 

A los pies del nevado Illimani, símbolo de la ciudad de La Paz y guardián de los sueños de los citadinos, las nubes que miraba durante horas desfilar "allá, muy arriba" cuando era chico, descansan un poco antes de lanzarse hacia los más de 4000 metros del altiplano boliviano, pues el sol todavía no se decidió a dejar surgir más que unos cuántos rayos.

A este paso, el Manqhapacha andino, el mundo de abajo donde están las fuerzas de la madre tierra, la Pachamama , en su dimensión humana del subconsciente me sirve de espejo y me manda de vuelta hacia mi mismo.

 

Encuentro con La Paz y la pacha andina, unión de dos fuerzas, donde la ciudad queda colgando entre el cielo y la tierra, apuntando hacia el primero y hundiéndose en la segunda, como un hongo de frenéticas actividades humanas, perdidas entre el gigantesco y desértico altiplano y la desmesurada y exuberante amazonía. Minutos más tarde de un tiempo que había dejado desaparecer, llega el Yatiri , para proceder con su ritual semanal de agradecimiento a la tierra madre y bendición a los Achachilas , espíritus protectores de las montañas que rodean la ciudad.

 

 

 

El sol sale aplastando a la urbe, despierta a las nubes y las manda a vagar más allá, con mis recuerdos y mis sueños, el yatiri enciende su bracero y empieza con las oraciones.
Don Jaime Apaza, ese personaje que no teme a las miradas burlonas cuando anda con su atuendo, representación suya de lo que debería ser el del Inca, bien seguro de sus convicciones, pasa entre todos los que lo dicen un poco loco.Pues según él, fue designado como Inca por las hojas de coca durante una importante reunión de autoridades espirituales andinas.


 

Sabe muy bien de que como se dice por aquí:"el pasado...pisado..." pero no desanima de poder encontrar un camino propio para su gente, tomado de una mano con el pasado y de la otra con ese presente algo impuesto por la historia y sus caprichos. Pese a todo, mira con algo de molestia a la sociedad paceña y sus locuras que, según él, se apartan cada vez más del camino de la sabiduría ancestral.

 

 

 

Me siento un poco inconfortable al sacarle fotos con ese atuendo colorido y desgastado, más aún sabiendo de que alguna reportera fue la que insistió a que salga vestido así para su nota. Y soy tan discreto de que lo nota al tiro...-"está bien, a mi me gusta ese traje, me trae buenos recuerdos..." Algo aliviado, aprieto el disparador mientras él se pierde en su ceremonial entre inciensos y vientos congelados, con la ciudad burlona despertando... a sus pies.