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ersonajes /
Paseo del Prado/ La Paz.
Se para un enorme coche flamante con sus vidrios ray-ban plateados como espejos. Carlos gira suavemente la cabeza hasta ver su reflejo en ellos. Su barba sigue creciendo para tratar de esconder las señales del hambre en sus mejillas mientras una sonrisa irónica hace aparecer en todo su rostro una red inextricable de arrugas, surcos profundos dejados por el paso metódico del tiempo.
75 años durante los cuales sintió cada segundo pasar una y otra vez encima de su piel. Sus cejas fruncidas tratan de hacerle creer que el ya es otro, pero cuando llega a mirase a los ojos, llamados por algunos ancianos y con razón "los espejos del alma eterna", se da cuenta de que sigue siendo Èl, el mismo de siempre, Èl que esta adentro de este cuerpo desgastado ...