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Don Carlos

 

Don Carlos y El reloj sin agujas

Paseo del Prado/ La Paz.

Se para un enorme coche flamante con sus vidrios ray-ban plateados como espejos. Carlos gira suavemente la cabeza hasta ver su reflejo en ellos. Su barba sigue creciendo para tratar de esconder las señales del hambre en sus mejillas mientras una sonrisa irónica hace aparecer en todo su rostro una red inextricable de arrugas, surcos profundos dejados por el paso metódico del tiempo. 75 años durante los cuales sintió cada segundo pasar una y otra vez encima de su piel. Sus cejas fruncidas tratan de hacerle creer que el ya es otro, pero cuando llega a mirase a los ojos, llamados por algunos ancianos y con razón "los espejos del alma eterna", se da cuenta de que sigue siendo él, el mismo de siempre, él que esta adentro de este cuerpo desgastado ..

 

 

Marzo de 1936. Tupiza. La Plaza del Pueblo. Carlos tiene 10 años. Corre como perseguido por el demonio para ver cual es el motivo de tanta gente y comentarios de admiración. Se abre paso entre las piernas de los adultos raspándose las rodillas y las palmas de las manos ya curtidas por el trabajo, tal esta procesión de la cual se le contó historias apenas creíble, allá, en una iglesia de Oruro. Al levantarse lleva la mano frente a sus ojos para esconderlos del reflejo cegándolo. Un automóvil. ¿Aquí?. Increíble. Sus luces delanteras bien redondas y cromadas reparten destellos de luz a los curiosos amontonados alrededor. Carlos acerca un poco su cabeza y se mira adentro. Se ríe al verse deformado, con la cabeza como un huevo, pero de repente deja caer su sonrisa al suelo.

 

Acaba de verla. La que esta escondida detrás de hábitos y despreocupación infantil, sueños de eternidad. La vio en el fondo de sus ojos. Espejo en otro espejo. Vio su alma. La luz delantera del auto, sus ojos, su alma. El. Desde este día se dio cuenta de que el reloj de arena de la vida no se pararía hasta agotar el ultimo granito antes de mandarlo dormir bajo tierra. El tiempo es un sepulturero que acaba de mandarle un saludito, una cita que ahora parece tan lejana Marzo del 2002. Otra vez el vidrio espejo del coche. Carlos volvió a verse en el fondo de sus ojos, el mismo que hace tantos años, en otro auto, en otro lugar. Desde esta época fue recolectando cicatrices, moretes y vientos ásperos que trataron de vencer su alma y su cuerpo.

 

 

 

 

Otro auto, otro lugar. Este lugar que va extrañando desde que llegó a La paz en búsqueda de su sobrino. Su "ángel de la guardia" del cual no tiene noticias desde mas de un año. Tres meses que lo busca cada día por las laderas de La Ciudad y apenas unos minutos que charlamos, así nomás, solo para charlar un rato. Sentado ahora sobre las gradas me dice: -" ya no se como hacer. He buscado de todos lados al Freddy. Nada de nada. Se ha debido ir a Santa Cruz".-"Freddy?"_"mi sobrinito, Freddy Mendoza Ramírez"-"entonces vas a ir a buscarlo allá?"-"no. Mi cuerpo ya no da. Solo quiero volver a mi valle." Me muestra sus manos todavía blindadas por los callos adquiridos durante años de trabajo. -"era carpintero, pero tampoco puedo ahora, mis ojos ya no me permiten hacerlo y desde que me caí, de nuca, no puedo moverme bien, estoy todo tieso...los años no pasan en vano, no?"


Se rasca la barba del mentón. -"ay, mi sobrinito. Era el único que me daba una mano. Cuando han muerto sus padres yo lo crié. Pero hace un año que ya no se mas de el. Es un buen chico. Ha estudiado mecánica para motores diesel en la Argentina, en Salta. Si, un buen chico. O tal vez se habrá ido a argentina?" -"no creo abue' , mas bien los que estaban allá ahora vuelven." -"ah si. Que increíble. Argentina! Tan trabajadores y mira adonde han ido a parar! Y nosotros que deberíamos estar bien, pues todo lo tenemos, seguimos iguales..." mira el coche flamante. -"o casi igual." -"ya, pero ahora, vos abue', que vas a hacer?" -"ya no quiero dormir afuera, mucho frío. No tengo plata para comer y los lugares adonde regalan comida están llenos de borrachitos...y esto no me gusta...mucho molestan." Queda un largo rato sin decir nada, con los ojos perdidos en la multitud de transeúntes pasando sin mirarlo.

-"solo quiero ir a mi valle, allá, en Tojo, cerca de Tupiza. Tendría que conseguir algo de plata para tomar un camión ." -"y allá que harías?"-"no se, al menos podría ver mi cumpa que tiene su cuartito, con un lugar para mi... ay, de encontrar al sobrino todo seria mas fácil! pero igual, nunca me he dejado y no es ahora que voy a empezar. Con mas razón voy a seguir batallando, con mas razón." Cierra los ojos un segundo, pasa su mano a lo largo de su rostro, rozando de paso los profundos surcos cavados por el tiempo , abre los ojos y vuelve a sonreírme. Siguen pasando los coches de lujos, minibuses y truffis con sus pasajeros indiferentes. A Carlos le espera en Tupiza un cuarto adonde dejar fluir sus últimos meses o años, en Santa Cruz quizás le espere su sobrino y yo solo espero que lo logre.