Racimos de cabezas de cerdos, con o sin triquinosis, esa "ligera" enfermedad mortal que destruye progresivamente el cerebro humano, sangre chorreando por la vertiente de la estrecha calle, tripas vendidas al metro, montonera de cuerpos sin patas y abiertos por la mitad...Llegan al mercado el año nuevo y los compradores de carne de chancho.

Un borracho, de los que les gusta adelantarse a los festejos, titubea un poco más allá, tratando desesperadamente de recordar su nombre, o al menos poner un pie antes del otro. Quizás las jarras de trago infame diluido con colorantes, gasolina u alcohol metílico, tragos que la Alcaldía no pudo decomisar, tienen algo que ver con su estado. Al inicio duele, luego anestesia, luego es cuestión exclusiva del destino...

Volteo la mirada y dejo el borracho en su función privada de la montaña rusa, mientras una vendedora me grita:"¿y este gringo... pa'ké saca fotos?!" . Llegan otros camiones repletos de cerdos que la Guardia Municipal tendrá que inspeccionar y sellar o decomisar. Los cargadores corren con la carne en la espalda a través de las estrechas calles del mercado. Las doñas venidas de compras observan incansablemente patas, cabezas y cuerpos esparcidos de por los puestos, buscando "su" presa para el plato de fin de año. Tierra, costumbres , negocio, sangre, suerte, muerte...La misma mezcla de siempre con otro numerito: 2008

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Galerías / Año Nuevo 2008