Jhonny levanta su casco. Abre la lámpara de carburo, la sacude y escupe adentro.
La saliva negra chorrea espesa y vuelve a dar algo de vida a la reacción química necesaria para encender la lámpara. Fósforo. Funca. Levanta sus herramientas y sale de su socavón.Jhonny está hundido en la polvadera levantada por la explosión de las dinamitas. De nada sirve quedarse aquí, mejor ir a ch’allar un rato afuera.Se llama Jhonny, pero del confort americano que debería ser vinculado a su nombre, quizás elegido por su madre como deseo de opulencia, sólo tiene un cuarto de adobe sin ventanas en los barrios altos de Potosí. Camina rápidamente por las galerías, derecho, derecho, agachado, arrastrándose, levantarse, bajar las precarias escaleras de madera, deslizarse por un buzón de mineral, otra vez arrastrarse, levantarse, doblar por aquí, bajar por allá y por fin llegar a la galería principal...

 

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Galerías / Potosí: El río de sudor del cerro agonizante